La gente se ha acostumbrado a quererlo todo y no valorar nada. Al todo gratis, como quien se suscribe al mes promocional de Netflix y luego lo cancela un día antes de empezar a pagar. Pues así somos con la vida. Cancelando las cosas antes de que nos cobren. Ya sea dinero, tiempo o sentimientos.

Sobre todo, lo hacemos con el amor. Y no sólo de pareja, sino en todas las relaciones.

Creo que nos hemos acostumbrado a comerciar con los afectos en este grandísimo supermercado en el que se han convertido las relaciones humanas. Vivimos en una época donde queremos ser usuarios premium de todo, pero responsables de nada.

Deseamos que nos quieran, pero descuidamos a los que nos quieren. Preferimos lo nuevo a lo viejo, la cantidad antes que la calidad, lo fácil a lo difícil y el placer inmediato antes que la conexión profunda. En definitiva, más relaciones, pero cada vez menos humanas.

De hecho, hoy en día abundan perfiles que devoran personas, cuerpos y afectos pero que desaparecen en cuanto se les pide un mínimo de vuelta. Nada es gratis. Porque es muy fácil decirle a alguien «me gustas» o «te quiero» cuando el momento acompaña, pero más difícil es demostrarlo cuando hay que extender la mano, dar la cara o compartir algo más que una cama.

Seguro que lo has vivido en alguno de los dos extremos.

La principal receta ante esto no es tanto ser selectivo con las personas, sino serlo con tus valores. Tus valores no son ni gratis ni negociables ni descartables. No son un día sí y al otro no. Si para ti es importante la honestidad, la lealtad, la sensibilidad, la gratitud, el respeto, la dedicación o la responsabilidad, primero hónralos y da ejemplo y luego pide lo mismo. Exige Reciprocidad.

    • Si para ti es importante la lealtad, no se sigue cuando se está en la sonrisas y se desaparece en las lágrimas.
    • Si para ti es importante la gratitud, no se sigue cuando se olvida a quién alguna vez prestó un hombro y alargó el brazo en las peores tormentas.
    • Si para ti es importante la honestidad, no se sigue cuando se miente, se engaña, se manipula. Ni tampoco se sigue cuando uno no se hace responsable de sus acciones ni de sus consecuencias.
    • Si para ti es importante la dedicación, no se sigue cuando uno trata como prioridad a quien le tiene como una simple opción.
    • Si para ti es importante el respeto, no se sigue cuando se ignora, se finge, se deja en visto o no se da la cara.
    • Si para ti es importante la sensibilidad, no se sigue cuando se humilla, se maltrata o se critica.

    En definitiva, si no se respetan tus valores, levanta la mano (y el pie), pide explicaciones y observa las respuestas. Si no te convencen o se repiten en el tiempo, honra tú tu valor más preciado (tu dignidad) y aléjate amablemente.

    Amar es un verbo que se conjuga en gerundio. Si no, sólo son cuatro letras.

  • No pierdas tu tiempo y energía con quienes no saben valorarlos. Posiblemente perderás gente por el camino sí, pero grábate esto a fuego: lo que hace una vida con valor es seguir una vida con valores.

    La verdadera libertad se consigue cuando eres fiel a tus valores.

    Nada es gratis.

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