Déjate caer

Déjate caer. Así de simple, y así de complicado.

Porque, a veces, caer es volver a empezar. Cuando caemos, nuestro primer pensamiento es levantarnos lo más rápidamente posible. No soportamos el dolor, el ensuciarnos en el barro. Queremos ir impolutos, por lo que a veces olvidamos escuchar el mensaje que lleva implícito el dolor.

Y los momentos dolorosos no se pueden evitar, forman parte de la vida. Evitar el dolor es evitar crecer. Y sin dolor no hay crecimiento.

Nadie puede escapar al dolor a menos que viva fuera de la realidad. Cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad al dolor, de alguna manera estamos aceptando nuestra condición humana. Solo así podremos seguir adelante con más fuerza.

En momentos dolorosos, preferimos no complicarnos la vida, mirar para otro lado, no buscar la verdad, no vaya a ser que si la encontramos no nos guste lo que veamos. Y lo que no queremos ver es lo que realmente nos duele.

Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe. – William Shakespeare

Nos aterra la ilusión de parar. Queremos cambiar sin hacer esfuerzo de movernos ni un milímetro. Queremos un cambio exprés. Nos asusta perder, pero nos asusta aún más cambiar. Sin saber que a veces, tienes que perderte para poder encontrarte y echarte de menos para volver a quererte.

Estamos acostumbrados a que nos digan que ante el miedo o el dolor la solución es pelear o huir, y a veces es cierto. Pero existe otra alternativa. Parar(te) y examinar(te). Cuando escogemos aceptarlo en lugar de salir corriendo o cerrar los ojos para imaginar que no pasa nada, nos convertimos en seres más flexibles, más capaces de saltar obstáculos, de encontrar alternativas. Y es ahí cuando aprendemos.

Y es que caer es no darle importancia dónde has estado, ni darle importancia en qué punto estás. Lo que importa es hacia dónde vas y cómo quieres ir. Es modificar el camino para continuar. Y ese camino, que a veces no se ve, se empieza a ver a medida que uno va dando nuevos pasos.

Como dice Joël Dicker en su libro La verdad sobre el caso Harry Quebert, “La vida es una larga caída. Lo importante es saber caer“.

En esos momentos es cuando te das cuenta que hay que dejar de buscar fuera, porque lo que quieres y necesitas lo llevas dentro. Es dejar lo de fuera en standby , mirar dentro nuestro para ponernos al día y seguir adelante con más fuerza.

Son en esos momentos de dolor, donde puedes notar que estás contigo. Que estás de tu parte. Que no necesitas un decorado perfecto para vivir. Donde decides que es mejor fallar que pasarse la vida lamentándote por lo que podría haber sido. Es hacer lo que quieras ahora mismo, no porque debes sino porque te lo debes. Es sacarse las vendas para airear las heridas, así se curan.

Porque cuando apuestas por ti, siempre ganas porque cambias.

Dejarte caer en el abismo lleva implícito la soledad y la incomprensión. Es el precio que hay que pagar. Y aunque la soledad es un regalo para aquellos que están aprendiendo a quererse, algunas personas van a decepcionarte. Que no te asuste que los que se asustan por todo, no te entiendan.

Tú en muchas ocasiones tampoco vas a estar a la altura. Tampoco te juzgues. No puedes dar aquello que no tienes, y en estos momentos tienes poco que dar. No es egoísmo, es supervivencia. A veces, poco es mucho. A veces, mucho es nada.

Escoge, por tanto, a aquellas personas que te quieran cuando no te necesiten y demuéstrales cuánto te importan. Otras caerán por su propio peso. No aceptes ultimátums.

Valora a quién desde el dolor te hable, porque no lo escuchas a él…a quién oyes es a su Alma.

El puente se está cayendo y la oportunidad de cambio que tanto deseabas con él. Lo que surge del dolor, siempre suelen ser las experiencias que más aprendizaje nos dan al final. La vida te lo da porque sabe que lo necesitas en ese momento.

El camino que recorres hacia abajo es el que te hace subir impulsado siendo mejor persona. Todo dolor será útil mañana.

Necesitamos caer y topar con algo que jamás habríamos visto o conocido de no caer nunca. Y luego, tal vez regresar al principio. O a un nuevo comienzo. Es el premio de conocernos y encontrarnos. Porque los que superan el dolor se convierten en HÉROES invencibles. Y cuando la vida te golpea, te concede superpoderes. Formarás parte de ese grupo selecto de personas que han sido capaces de vencer el dolor.

Las heridas, las cicatrices, te han hecho ser quien eres a día de hoy. Mira atrás, mira todo lo que has superado. Con dolor, si, pero te ha llevado a donde estás ahora.

Por eso, déjate caer.

Life & emotional coach. Apasionado de la vida y de la evolución personal. Porque ser uno más es ser uno menos…

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