El amor imperfecto

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Dicen que amor lo cura todo, que en algún lugar te está esperando tu media naranja, que quien la sigue la consigue y que el amor es “para siempre”. Dicen, dicen, dicen …

Lo que no te dicen es que el amor también duele, que tu ya eres una naranja completa y no necesitas más cítricos, que a veces si la sigues te pierdes, y tampoco te dicen que el amor a veces es “hasta nunca”.

¿Y tú qué te dices?

Lo importante del amor, no es cuánto te quieren, sino que te quieran bien. Nos pasamos media vida buscando el amor perfecto, el que nos vendían en las películas y el que veíamos en las telenovelas. Aquél donde no habían peleas o donde , si las había, acababan en un polvo animal y un “te quiero” humano. Un amor perfecto, risueño, dulce, con pasión y mucho romanticismo. Un amor lleno de perfecciones, pero totalmente irreal.

Nada es tan perfecto. El amor perfecto no existe. Lo seguimos ignorando y buscándolo como quién busca el Dorado. Aunque por mucho oro que queramos, el amor verdadero , a veces, es de hojalata. No sirve la alquimia. Y no tiene nada que ver en ser exigentes y selectivos, que es necesario, sino en buscar continuamente la perfección y tratar a las personas como mercancías.

Somos yonkis de un amor de bolsillo o mejor dicho, de relaciones de bolsillo: “esto ya no me queda bien, es momento de desecharlo y cambiarlo por el nuevo modelo”. Para luego descubrir que el modelo nuevo no aporta nada mejor. Y así “ad infinitum”.

No importa el tiempo que pasamos con el objeto o si de verdad le dimos un buen uso. Así son las relaciones humanas ahora.

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A menudo, lo que falla en la ecuación no es el segundo miembro (el otro), sino el primero (tú), con lo que el dividendo casi siempre es negativo. No nos sentimos a gusto con lo que tenemos, tanto con la pareja o por la ausencia de la misma. Aunque, en el fondo, somos nosotros mismos quienes no nos sentimos bien y eso es algo esencial para poder encontrar el amor. El Amor en mayúsculas: el Amor por uno mismo.

Para que el resultado sea positivo, tu valor (como persona) debería ser como mínimo tan alto que la división fuera positiva. Y es que no consiste en sumar “elementos”, sino multiplicar en emociones , porque en el amor verdadero, uno más uno es igual a todo, y dos menos uno (mismo) es igual a nada.

Un amor extra-ordinario es el formado por 2 personas que tienen ese “extra” por encima de lo ordinario, así que si no luchamos por ese “extra” no esperemos encontrarlo en los demás.

Porque el amor verdadero no entiende de cantidades, sino de calidades.

Solemos preguntarnos por qué nos hemos ido encontrando personas desconfiadas, celosas o dependientes. Nos preguntamos qué hacemos mal. Y la respuesta es que acabamos atrayendo a gente que piensa igual que nosotros en esos momentos. Es duro, pero es así. Atraemos lo que somos, no lo que deseamos. Nos centramos en lo que no queremos, y no en lo que queremos de verdad.

Esperamos que nos resuelvan nuestros propios vacíos, nuestras insatisfacciones, pero hacer responsable de nuestra insatisfacción a otra persona es síntoma de no tener dominio sobre nuestra propia vida. Porque los demás son un reflejo de nosotros mismos.

Así que si no nos gusta lo que encontramos, deberíamos empezar a cambiar nosotros para cambiar nuestra realidad. De adentro hacía afuera. Cualquier cambio en nosotros, se verá reflejado en nuestra realidad.

¿Quieres un amor real? Empieza por aceptar (que no conformarte) las imperfecciones tuyas y trabajar para ser tu mejor versión. A medida que te conozcas y te quieras, aparecerán personas a la altura de tus expectativas. Y posiblemente no será perfecto, pero al menos será honesto.

No existen ni pareja ni amor perfecto, sólo buenas o malas relaciones; unas enriquecen y otras empobrecen. Huye de las segundas, pero sé consciente de lo que te están mostrando.

Dicen que el amor es ciego, pero más ciega es la persona que no valora el amor que le dan.

Dicen, dicen, dicen …

Life & emotional coach. Apasionado de la vida y de la evolución personal. Porque ser uno más es ser uno menos…

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