El camino de lo auténtico

Hoy no voy a escribir para ti.

No voy a intentar escribir bonito, ni usar frases inspiradoras, ni dejar mensajes impactantes. Hoy no…

Hoy no necesito que me aplaudas. No busco que me felicites, ni que me aceptes… No pretendo eso.

No quiero prostituir mis emociones y mis sentimientos esperando que me quieran. No quiero esconderme bajo una máscara llena de miedos, de complacencia y de culpabilidad, esperando ser reconocido y querido por los demás. Todo eso forma parte de mi Ego. Y yo no soy mi Ego, yo simplemente quiero ser Yo.

En un mundo lleno de competencia, de envidias y de sonrisa fácil, muchos aparentamos ser algo que no somos. Llevamos la máscara puesta buscando la validación externa y la necesidad de aprobación. Pensando que, cuando la tengamos, seremos felices. Que lo de fuera nos va a proporcionar amor, seguridad y cariño. Que vamos a tener una vida llena de amor, de éxito y de abundancia.

Sin embargo, hay un día en que te das cuenta de que todo eso es un engaño. La vida te suele dar un baño de realidad. Porque, si cualquier cosa hecha desde el Ego te nubla la vista, el hacerlo desde la humildad te limpia las gafas.

Desde criticar el amor de unos padres que lo hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían. De aferrarse a parejas para que llenaran el vacío que sentía uno mismo. De dar amor esperando que nos quisieran. De querer ganarse a la gente esperando ganar yo. De luchar por mantener personas, situaciones y cosas para no sufrir. Para mantener el equilibrio. Para no evolucionar. De querer conservar un pasado que ya no aporta lo suficiente en el presente, esperando con miedo, un futuro que no se puede controlar.

Yo he pasado muchos años haciendo cosas que no he querido hacer, siendo quien no he querido ser, y buscando obtener y mantener cosas que en el fondo no me han hecho más feliz. Ese, al menos, no era el camino que quería en mi vida.

¿Por qué cuento esto?

Porque cuando te desnudas ante la gente, te vuelves persona. Te vuelves tú. Te presentas tal cual eres, sin filtros ni máscaras, con tus penas y tus glorias. Con tus taras y tus virtudes. Ese eres tú. Todo eso eres tú.

Cuando renegamos de una parte de nosotros y la escondemos, renegamos de la Vida.

Porque ser aceptado no es una meta a la que todos debamos aspirar. Es mucho mejor ser auténtico y vivir la vida, que buscar siempre lucir lo mejor posible, ser el más listo, tener más fans, tener más dinero o cualquier otra cosa que te reste autenticidad.

Prefiero ser yo mismo, ser auténtico, hacer las cosas que me alegran y no fingir que algo me gusta, que soy el más cool, callarme un te quiero o cualquier otra cosa solo porque espero reconocimiento o que me quieran.

Por eso hoy no escribo para tí, sino que escribo por ti. Porque sé que mis palabras son tus pensamientos. Porque sé que en el fondo te gustaría decir estas palabras y gritar al mundo «yo soy así, si te gusta bien y si no también!!», aunque sea con un nudo en la garganta.

Pero es la manera más rápida de crecer. Es desapegarse del resultado (hablaré de ello en el siguiente post).

Deja de buscar que alguien te diga quien eres. Si te sientes cómodo y feliz contigo mismo, entonces nada importa, pues tu sonrisa, esa que sale de tu alma, es la única que puede darte esa luz que te hará brillar, pero no para el resto, sino para ti mismo.

Y eso es lo que realmente te debe importar.

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