¿Fluyes o empujas?

fluir o empujar

La vida se puede vivir de 2 formas: empujando o fluyendo. Desde el control o desde la flexibilidad. Desde el Ser o desde el Hacer.

Si entendiéramos realmente la importancia de fluir en la vida, de dejar que las cosas sucedan naturalmente, sin luchar ni resistirse o intentar hacer algo al respecto, nuestras vidas serían muy distintas…

Sin embargo, desde pequeños, se nos ha enseñado que todo se consigue empujando, corriendo continuamente tras algún objetivo hasta el agotamiento. Y así nos va. Infelices, perdidos y cansados…

¿No crees que falla algo?

Quizás, nos fallamos a nosotros. O a la vida. Quizás, estamos encubriendo carencias detrás de tanta aparente hiperactividad.  ¿Es tan difícil SER?  Lo es para el Ego, que está conectado al HACER.

Te mantiene en el miedo, en la necesidad. Te dice que es necesario que hagas algo, que te exijas ser de una determinada forma, que te pongas metas triunfantes, que luches contra defectos evidentes y escondidos, que te empujes hasta el máximo para ser lo mejor que los demás puedan reconocer y amar.

Y a veces, ese es el camino. El problema no es la acción, es la actitud con la que se hace. Porque, gastar tu energía empujando o forzando algo sin tener claro desde dónde lo haces o para qué lo haces, es perderse en el intento.

Estar siempre (es)forzándote, más que garantizar que llegues a tu objetivo, garantiza que no llegues.

Se trata de entender, el concepto de hacer, como un dejarse llevar. Ocuparse, estar en el sitio y el momento adecuad. Eso es fluir con la vida. Un camino que, al igual que un velero, no intenta controlar el viento, pero sí que adapta las velas a la dirección que este tome para terminar llegando a donde tú quieres.

¿Te preguntas cuando fluyes?

Cuando fluyes, vives sin esfuerzo. Cuando empujas, vives esforzándote. Todo te cuesta el doble.

Cuando fluyes, creas. Cuando empujas, simplemente cumples.

Cuando fluyes, vives sin miedos y arriesgas. Cuando empujas, te resistes y luchas desde el miedo.

Cuando fluyes, Eres. Cuando empujas, dejas de Ser.

Cuando fluyes, estas conectado en el aquí y el ahora. Los momentos se hacen intensos y el tiempo se alarga. Cuando empujas, vives en el futuro, o en el pasado, perdiéndote el presente y olvidando los momentos.

Cuando fluyes, tu conciencia se abre a la sorpresa y la curiosidad. Cuando empujas, te limitas y te obsesionas con los resultados.

Cuando fluyes, vives desapegado de todo y de todos. Cuando empujas, vives apegado.

Cuando fluyes, vives la magia sorprendente de la incertidumbre. Cuando empujas, vives bajo la falsa creencia de intentar controlar el flujo de la vida.

Cuando fluyes, vives desde el corazón y te conectas con tu poder interior de generar la vida que deseas vivir. Cuando empujas, vives desde la mente, y cedes el poder a los otros.

Te preguntarás cómo fluir…

Para fluir hay que confiar. No se puede fluir si antes no se confía en uno mismo, o en la vida (somos la misma energía). Cuando confías, renuncias, te abres y te liberas. Arriesgas porque no haces, sino que permites que suceda. Entiendes que no hay cosas buenas ni malas, sino necesarias para ti.

Si desconfías, manipulas. Retienes, amarras, mantienes y luchas. Creas estrategias haciendo cálculos de lo que conviene o no. De lo que se pierde o se gana ante cada decisión. De lo que caerá bien o mal a los demás.

Y es que la confianza viene del corazón y el control es de la mente. El corazón siempre sabe dónde está y se siente a salvo, por eso no necesita saber qué va a suceder. El corazón primero salta, y luego, si le queda tiempo y ganas, piensa. Cosa que jamás ocurre, porque cuando el corazón salta, luego solo tiene tiempo para disfrutar.

La mente piensa y nos aleja de la vida. Se resiste a la libertad, a la incertidumbre y al cambio. Pero es que lo único constante es el cambio continuo.

Podemos argumentar muchas cosas para no dejarnos llevar: los hijos, los padres, la escuela, el trabajo, los nietos, la casa, la seguridad económica y tantas otras pequeñeces más. Todas transitorias, aparentemente importantes. Pero todas, tarde o temprano, desaparecerán. Hay que aceptarlo.

O fluyes o empujas. Si fluyes, todo te acompaña. Si empujas, todo te golpea.

Puedes elegir si seguir empujando o aprender a fluir, pero:

Pregúntate si insistir en controlarlo todo a tu manera realmente vale todo el sufrimiento que te está causando…

Life & emotional coach. Apasionado de la vida y de la evolución personal. Porque ser uno más es ser uno menos…

2 thoughts on “¿Fluyes o empujas?”

  • Uf….. me he pasado toda mi vida empujando…. ahora en la mitad pienso con el corazón y hago lo que el quiere para mi vida, desde hace un par de años he aprendido a fluir… me cuesta, es difícil, desapegarse, dejar que las cosas pasen, tener paciencia, que la vida no te dice no, te dice espera, arriesgar, aceptar el cambio, intentar que los demás no sufran… en ello estoy… cómo siempre disfrutando de tu entrada… gracias por hacer un poco más visible el camino…

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    • No es fácil fluir Susana… Si te soy sincero a mi hay momento en que me cuesta, pero todo es cuestión de práctica. Cuanto más practiques, más momentos de flow tendrás y más cerca de la felicidad estarás. Gracias por tu comentario. Un abrazo mpáthico

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