La batalla es contigo

Al final, sólo importa lo que te dice tu conciencia.

Lo único que vale es respirar hondo y saldar cuentas contigo mismo.

Porque la batalla es contigo, por vencer tus miedos. Por superar tu culpa. Por intentar ser mejor persona. Sin más objetivo que mirarte al espejo y descubrir que estás en paz. Que te quieres. Que te aceptas. Que te perdonas. Que sientes. Que eres más que carne y hueso. Y que, a pesar de los golpes recibidos, no te arrepientes de nada. Que todo es una oportunidad para crecer o un obstáculo que evita que crezcas. Puedes decidir.

Porque las pruebas que merece la pena superar son las propias. Las que, aunque te cueste admitir, sabes que tienes que pasar por ti mismo. Aquellas que te acercan a la persona que quieres ser. Un ser humano íntegro. Alguien que desea ser mejor, aunque sabe que no será perfecto.

Y el ser íntegro se aprende con la práctica, con el hábito, con las ganas. Se aprende acertando y fallando. Aceptando. Perdonando y pidiendo perdón. Se aprende actuando sin máscaras a ser uno mismo. A superar culpas, rechazos y “no puedo”. A valer todo lo que vales. En definitiva, a ser feliz.

Y ser feliz empieza por hacer feliz a tu corazón, y luego a los demás. Y tu corazón solo entiende de amor, de respeto, de agradecimiento y de ilusión. Despertamos en otros la misma actitud mental que tenemos hacia nosotros. Tal y como tratas a los demás, te tratas a ti. Porque la vida no te está ocurriendo, la vida te está respondiendo.

De ahí que no hagamos el esfuerzo para conectar realmente con las personas.

A veces, aparecen personas que te hacen mejor persona. Por sus palabras, por sus actos, por su empatía. Pero en lugar de darles espacio, nos dedicamos a jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador. Renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Y es que competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría de el que acabará solo o mal acompañado.

Quien no sabe ver la calidad, se esconde tras la cantidad.

Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero flirteamos con personas superficiales. Buscamos el trabajo soñado, pero no ponemos el alma en ello. Esperamos tener planes cuando nosotros no proponemos. Nos acostamos con cuerpos, pero soñamos con corazones. Queremos una vida de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar. Y es que nada es interesante si tu no estas interesado.

Porque esperar un milagro no tiene tanto que ver con el tiempo, sino con la persona.

Y esa persona eres tu. Todo nace en ti. Así que olvida las comparaciones. No caigas en la trampa de pensar que cualquiera es más feliz que tú. Cada cual tiene sus propias batallas que luchar, sus alegrías que celebrar y sus logros de los que presumir. Sólo te puedes cambiar a ti mismo, pero a veces eso lo cambia todo.

No le des demasiada importancia a las críticas, ni critiques. No juzgues sin conocer. No hables mal de otros. Porque no vemos las cosas como son, sino que las vemos como somos nosotros. Y es que lo que dice Juan de Pedro, dice más de Juan que de Pedro.

Sé tú mismo, porque serlo, puede ser todo un reto.

Déjate querer. No te escondas bajo una coraza inquebrantable. Muéstrate tal como eres, porque eres único. No te refugies en falsas apariencias, al final todo sale. Déjate conocer. Deja que te quieran y que te mimen, que te abracen y protejan. Porque todos, en algún momento, lo echamos en falta. Y todos lo merecemos más de lo que creemos. Ten, por tanto, la osadía de ganarte a la gente siendo tú mismo.

Arriésgate. Porque el espejo sólo entiende de valientes. El único lugar donde tus sueños son imposibles es en tus pensamientos. Aunque falles. Porque el aprendizaje es un regalo. Incluso cuando el dolor es tu maestro.

Ama la vida que tienes para poder vivir la vida que amas

Y siente. Siéntelo todo tanto, que valga la pena quedarse siempre en el presente, en el ahora. Que este momento sea tan maravilloso que quieras que sea eterno. Baila con la vida como si nadie te estuviera viendo. Ama tanto este momento que no te importe el destino. Siéntete tan bien contigo que no necesites huir nunca más de ti.

Confía tanto en ti que cuando parezca que el mundo te dé la espalda, sepas que tienes al mejor aliado de tu parte. Tú mismo. Porque cuando te tienes a ti mismo, no importa que no todo sea perfecto. Porque la diferencia entre ganar y perder es a menudo no rendirse.

Sólo así harás las paces con tu conciencia. Y no hay mejor almohada que una conciencia tranquila.

Life & emotional coach. Apasionado de la vida y de la evolución personal. Porque ser uno más es ser uno menos…

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