Olvida la fachada

Tinder, Adopta un tio, Happn…. ¿Quién no ha usado alguna vez estas páginas?

Cada vez tienen más usuarios. Supongo que ante la falta de tiempo acuciante que vivimos en estos días. También ayuda el hecho de que en los días que corren, dar con una persona que realmente merezca la pena, no es fácil.

Lo primero que pensamos, cuando nos viene a la mente lo que queremos de la persona que acompañara nuestra vida es, “yo quiero que sea buena persona“.

Lo repetimos como si de un mantra se tratase. Pero luego eso, no es lo que solemos buscar.

Vivimos en un mundo que vive de cara a la galería. Se tienen en cuenta cosas, que nada tienen que ver con el amor o con nuestro gran mantra,  de que sea buena persona.

Y, ¿qué pasa? Que entramos en estas aplicaciones y escogemos, como si estuviésemos en la carnicería, el trozo más apetecible que nos enseñan.

Dentro de un catálogo de fotos, optamos por el físico. Quedamos con la persona que más guapa nos parece. Una persona, con la que puede que no tengamos nada en común. Nos da bastante igual a lo que se dedique o lo que le guste hacer en su tiempo libre.

Sólo nos importa, tener un guapo o una guapa, colgados del brazo.

Con el ritmo galopante en el que vivimos, ya no tenemos en cuenta las cosas que realmente merecen la pena. Y puede ser, que ese guapo con el que quedamos, sólo sea eso, una bonita fachada.

Una fachada pero que por dentro este vacía. Que solo tenga conversación, sobre cuántas veces ha ido al gimnasio, la última vez que ha ido de compras o el último programa de la televisión que ha visto.

Ya no tenemos en cuenta, la complicidad, la conexión. El que nos guste una persona, por la conversación que tenemos con ella, que nos guste por la forma en que nos mira. Por lo que somos capaces de hacerle sentir. Y es que hay sonrisas que son la letra pequeña de grandes historias.

A veces las cosas ordinarias se vuelven extraordinarias, simplemente porque las hacemos con las personas adecuadas

Se ha perdido la magia. Todo se ha frivolizado. Desde “escoger” a una persona, a las relaciones que tenemos.

Una persona, con la que queremos estar, no debe escogerse. Debe aparecerSentir esa conexión. Esa electricidad que hace que no puedas quitártela de la cabeza.

Aunque eso no se consigue escogiendo una foto. Se consigue haciendo cosas juntos, hablando, compartiendo experiencias. Sabiendo qué le gusta y sabiendo en qué invierte su tiempo.

Y ese proceso, ya no nos interesa. Vivimos un tiempo en el que cada vez, somos más conscientes de nuestras necesidades emocionales, pero al mismo tiempo, cada vez somos menos consecuentes con ese conocimiento emocional.

Nos hemos vuelto cómodos con esas necesidades. Las cubrimos, pero sólo de manera parcial.

Buscamos relaciones fáciles y volátiles.

“Tener” una pareja,  poner el estado en nuestro Facebook e ir por la calle de la mano. Pero luego no queremos ceder ni un solo ápice del espacio de nuestra vida a nadie. Buscamos tener las ventajas de estar en una relación, la calidez, la compañía… pero no queremos la responsabilidad que ello conlleva. Nos da auténtico pavor, ver a una persona de manera continuada dentro de nuestra vida. Como si ello significara jurar amor eterno y hacer un pacto de sangre. No queremos compromisos. No nos responsabilizamos. Pero al mismo tiempo alardeamos de lo responsables que somos.

Sólo queremos presencia en nuestra cama pero no queremos compañía. Acabamos haciéndole el amor a un cuerpo en vez de hacérselo a una mente. Y nos escudamos en que no queremos perder nuestra independencia. Pero en realidad lo que nos pasa es que somos vagos y tenemos miedo.

Si no estás luchando por mantenerlo, estás pidiendo a gritos perderlo

Ya no queremos invertir tiempo en nadie. Porque una pareja, requiere tiempo y esfuerzo. Tiempo de conocerla, de mantenerla y esfuerzo de luchar por ella si llegase el momento. Amen, de que, somos inconformistas por naturaleza. Pero es es asunto de otro post.

Enseñar una foto sonriente a través de una pantalla de móvil, es sencillo. Lo difícil es abrirse a alguien, hacerle partícipe de nuestros triunfos y nuestros fracasos. Mostrarnos tal cual somos. Y eso, da miedo. Pero, es una verdad inamovible, que todo lo que merece la pena en la vida, da miedo.

Psicóloga y sexóloga en mis ratos libres… Coleccionista de experiencias. Porque una emoción vale más que mil palabras.

2 thoughts on “Olvida la fachada”

  • Hola Patricia!

    Me gusta mucho lo que dices y cómo lo dices y es cierto que, en los tiempos que estamos, vivimos cada vez más deshumanizados. Pero también creo que no todos los guapos o guapas están vacíos y creo también que no es malo querer a una pareja que nos atraiga físicamente o que se cuide.

    Por supuesto que no hay que caer en frivolidades y en darle más importancia a cosas banales que a las verdaderamente importantes, pero no estigmaticemos a la gente guapa, que la hay muy sana y muy completa.

    Un abrazo.

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  • Hola Tania.
    Ante todo gracias por leernos y por comentarnos.
    Por supuesto que no hay que estigmatizar a nadie. No era mi intención. Por descontado que la hay muy sana y muy completa. Y con muchisimo mundo interior.
    Es importantísino para una relación que haya atraccion física, desde luego no estariamos dispuestos a conocer a nadie si no la hubiera.
    Pero no hay que reducirse tan sólo a eso. Eso es lo que quiero remarcar. Que no sólo hay que centrarse en la atracción fisica sino que hay que buscar otra cosa que nos atraiga, que nos interese y cosas que podamos compartir. Buscar que nos estimulen también la mente.
    Y un poco mi crítica va mas dirigida a los que sólo se quedan en ese primer escalón de la atracción física.

    Mil gracias de nuevo!
    Un abrazo!

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